mis nostalgias

ESTE ESPACIO ESTA DEDICADO A LOS RECUERDOS DE MI NIÑEZ, ADOLECENCIA Y JUVENTUD POR LAS CALLES DE LOMAS DE ZAMORA Y BUENOS AIRES CAPITAL.SON PARTE DE LOS RECUERDOS GUARDADOS MUY EN EL FONDO DE MI ALMA.ESPERO LES CONMUEVA TANTO COMO A MI AL DESCRIBIRLOS.

Monday, June 19, 2006

los quince años

1963 fue un año muy esperado para mi, es que el ser mujer significaba que tendría mi presentación en sociedad a través de mi fiesta de quince…Se acuerdan cuantos preparativos para ello.? En ese entonces no se estilaba alquilar salones, ni encender velas, pero la casa se reformaba, se compraban muebles, cortinas, se pintaba puertas, paredes y todo se embellecía por que seria el sitio donde “la nena” festejaría sus 15.
En esa oportunidad nada era casero, todo se encargaba en la mejor confitería de la zona, no fuera cosa que los invitados pasaran alguna necesidad. La bebida debía regar en abundancia calentitos, saladitos, y la gran variedad de sándwich ya fuesen simples o triples. Varias barras pequeñas de hielo contenían langostinos aderezados. El cierre lo marcaban las masas secas y finas, los petit four, los helados y por ultimo los bombones.
Y la torta…. ,oh! la torta, no crea que me olvide, es que ella tenia un lugar de privilegio en un rincón de la casa cerca de la mesa principal, era la reina de la fiesta después de la halagada. Cuando el furgón llegaba a eso de las 17hs.con todo el pedido lo mas ansiado era ver la torta. En el caso de la mía eran tres corazones blancos unidos en su centro a una vela alta, torneada color te, que enlazaba pimpollos rosa de rosas con tul blanco y helecho plumoso. Toda una obra de arquitectura como veran…!
En una canastita de mimbre se encontraban tarjetitas cuadradas con el nombre y la fecha de la agasajada en letras doradas y adornado con rositas rococó y tul, eran los souveniers nada más y nada menos que la niña distribuiría a cada familia. También se podía elegir por repartir jazmines o azahares en los ojales de los caballeros.
Hablando de tarjetas, las invitaciones se hacían estrictamente 30 días antes, y personalmente, por eso se buscaba imprenta casi tres meses antes del acontecimiento. Se le debía poner en letra manuscrita el nombre a quien se dirigía en cada sobre, o sea que debía existir una lista previa de invitados. Esa lista luego seria cotejada por alguien en la puerta de entrada el día del acontecimiento, no fuera que se infiltraran “colados”.Porque aparte de toda la familia y amigos de los padres con sus hijos, concurrían los compañeros de escuela y amigos del barrio que en realidad era lo único que a la anfitriona le importaba.
En ese jaleo de idas y vueltas, se elegía la tela, el color y el modelo del vestido a lucir, era todo un ritual cada prueba. Combinar zapatos, bijou, y peinado era sumamente estresante.
Concurrir a clase era también complicado por que allí había quien si y quien no serian invitados y era difícil a los 15 años manejar esas situaciones.
El día del evento los nervios carcomían porque todo debía estar a punto, tus padres parecían los reyes mostrando sus mejores galas tratando de lucir esplendorosos sin opacar a la princesa.
Todo era alegría y luminosidad pues todas las luces de la casa se encendían. Horas antes llegaba la vajilla imponente, y tras ella los mozos que luego de armar las mesas atenderían la reunión, bajo las ordenes de los dueños de casa.
Ya el sonido augurante del tocadiscos Winco comenzaba con la música de moda. Por supuesto se apilaban 3 o 4 long play, que por suerte el progreso había acercado y eliminado el farragoso trabajo de una persona frente al combinado para cambiar la púa cada vez que pasaban dos o tres discos. Si saltaba el brazo la solución era una pilita de moneditas de 10ctv sobre la pastilla sostenidas con cinta scotch…que tul la tecnología de los 60…? El tesoro era el 33 de D’arienzo con el “vals de los 15” que rigurosamente se bailaba algunos compases con todos los caballeros asistentes, comenzando por el padre o en ausencia de este el hermano mayor, un tio o quien se designara y quedando de ese modo inaugurado el baile.
Ese era el momento donde el fotógrafo más se lucia pues debía hacer brillar su flash de modo intermitente, aunque supiera que más de una de esas fotos luego al momento de armar el álbum serian descartadas. El mió era de tela color crema y una lamina de papel manteca hacia las veces de protector de cada folio que contenía la foto la que era minuciosamente engarzada en esquineros dorados.
Años después comenzaría la moda de los primeros videos y las fotos en los parques cercanos..
Si el clima no ayudaba, y esa noche llovía no por eso se despreciaba el patio o el parque, se toldaba integro, que para eso estaban las casas que alquilaban dicho elemento.
La madrugada sorprendía bailando y cantando a jóvenes y adultos, hasta que tipo 3 o 4 o 5 de la mañana, comenzaba a rondar un silencio en los rincones y quedar los fantasmas pegados en las esquinas de la casa como recuerdo para siempre.
La cantidad de regalos recibidos y distribuidos sobre la cama en la habitación de la quinceañera no se apreciaban hasta el otro día. Ese día siguiente el patrimonio era la soñolencia y en medio de esa nube de cansancio y silencio, recorrías uno a uno cada objeto y recordabas quien y como te lo había entregado. Algunos sin saber nos acompañarían siempre.
En algún lugar de la casa bien ordenada se amontonaba vajilla, manteles, caballetes y demás esperando otros rumbos.
Por otro lado servilletas mojadas cubrían los restos salados, eso hacia que se mantuvieran mas frescos decían las abuelas. Alguien cerca del mediodía tocaba el timbre y devolvía el plato en el que algunos saladitos habían sido su desayuno.
Volvían por la tarde los parientes para terminar los restos comestibles y hacer el cotilleo correspondiente denostando o halagando la ropa o la actitud de fulana o mengana mientras el mate se devoraba pavas y pavas de agua.
Mientras todo esto pasaba, el fin de semana también terminaba y llegaba el lunes con el colegio que esperaba y las profes que solo justificaban a la homenajeada no a los invitados.
También seguramente a muchas familias les esperaba la ardua tarea de levantar las deudas originadas, pero quien no lo hubiera hecho? “eran los quince de la nena”!

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