PAPA NOEL
Pero no importaba por que ese acto se convertía en un día de fiesta. Caminar por la calle Florida, empedrada. Y cruzarse con Chaplin, un señor diminuto, que te saludaba con su largo bastón y su bombeen, con sus gigantes zapatos negros que te sonreían con su bocota abierta, mientras te guiñaba un ojo y movía su bigote.
Pararse frente a la vidriera de TOMSA y ver como bajaba y bajaba permanentemente, apareciendo diferentes alternativas en cada uno de esos escalones gigantes.
Relojear los muebles de MAPLE, nombre que teníamos presente por escucharlo en la radio cuando sonaba "A media luz".
Ver los uniformes para el personal de servicio de "LEONOR", los colegiales del "NIÑO ARGENTINO" o la esquina donde vendían una exquisita colonia "LA FRANCO".
Recorrer los pisos de las "GRANDES TIENDAS" transportados uno a uno, en grandes ascensores con sus paredes revestidas con tela bordo "con muchos botoncitos". Un gran espejo, un asiento tapizado que lo cruzaba largo a largo y un señor o señorita con birrete y traje cuyo botones resplandecían con las luces.
Sonrientes, atentos, formales y parados junto a la puertas tijeras, (formadas por varillas de hierro entrelazadas que permitían ver desde adentro hacia fuera o viceversa); manejaban una enorme palanca que hacia subir o bajar la gran caja. Avisaban cada vez que el vehículo se detenía, en que piso nos encontrábamos y que contenía el mismo.
Algunos de esos sitios se llamaban: "CASA TIA" ,"LA PIEDAD","HARRODS" el citado "GATH Y CHAVES" ,"SAN MIGUEL","TAO","ETAM","LOS GOBELINOS","LA BEIGE","VIÑUALES" y tantos otros que ya no recuerdo. Algunos tenían toda la gama de artículos otros se dedicaban solo a uno como el caso "GRIMOLDI".
Transitar los diferentes sectores, blanco, menaje, librería, juguetería, lencería, perfumería, niños, damas, hombres, hogar, zapatos, carteras, joyería o perfumería para adquirir las esencias de "AVANT LA FE" o "COTY"por dar un ejemplo, era un placer inigualable.
Llegar al salón de te, sentarte y esperar quietita que el mozo trajera en una inmensa bandeja todo los elementos para disfrutar de un riquísimo "five tea". Ver llegar un exhibidor de dos o tres pisos con masas de cremas varias; tostadas, mermeladas, manteca y dulce de leche y enormes porciones de torta a elección. Era un halago a la gula.
Por ultimo como cierre hacer la fila junto a otros niños con sus madres, para entregar previo canje de caramelos y besos la prenda mas preciada "la cartita" que muy prolijamente estaba guardada en el fondo de la carterita. Esta acción encerraba montonaso de ilusiones.
Luego contenta, satisfecha y muy extenuada de la mano de mi madre emprendía el regreso a casa. Habían pasado varias horas desde la partida, todavía restaba pasear nuevamente en subterráneo, tren y colectivo local hasta llegar a destino.

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