mis nostalgias

ESTE ESPACIO ESTA DEDICADO A LOS RECUERDOS DE MI NIÑEZ, ADOLECENCIA Y JUVENTUD POR LAS CALLES DE LOMAS DE ZAMORA Y BUENOS AIRES CAPITAL.SON PARTE DE LOS RECUERDOS GUARDADOS MUY EN EL FONDO DE MI ALMA.ESPERO LES CONMUEVA TANTO COMO A MI AL DESCRIBIRLOS.

Friday, December 24, 2004

Costumbres argentinas

Costumbres argentinas

Cuando era chica en los inviernos se acostumbraba a calefaccionar los ambientes con estufas, que poseían unos enormes tanques conteniendo querosén a los cuales se les "daba bomba" para que el aire convirtiera ese líquido elemento en gas. Al provocarse su encendido, las llamas se deslizaban por las "velas". En su cúspide estas estufas tenían una rejilla donde se apoyaba una lata con agua y algunas hojas olorosas. Interrogando a mis mayores cual era su función, se me decía: "para aromatizar el ambiente".
Mucho tiempo después me entere que en realidad era los típicos "humectadores" que los inmigrantes españoles importaron junto con otras costumbres. El paso del tiempo puso los mismos en desuso. Menos mal era humedad sobre humedad.
Ya que estamos hablando de desuso, aprovechemos y recordemos cuando el almacenero del barrio (en mi caso la esquina de Laprida y Piaggio) mostraba su destreza manual al encerrar aquellos cuartitos de galletitas (boca de dama, maicena, fideitos, vainillas o rellenas), que después de movilizar inmensas columnas de latas, depositaba sobre el papel que contenía su mano izquierda; con su palma armaba un pocito y luego de servirlas, se dirigía al mostrador y apoyado sobre el, unía ambas puntas del papel. En rápido vuelo y con ambas manos producía una torzada que dejaba el paquete en una simple "empanada muy bien repulgada".
Con el mismo resultado terminaban la yerba, el azúcar y todos los productos sueltos incluyendo los de exposición formada por variedades de fideos, que se lucían en cajones de madera con frentes de vidrio.
Luego esos papeles eran guardados muy celosamente en las casas, pues en el momento de cocinar harían las veces de filtro de aceite para las milanesas, bocadillos o buñuelos de manzana.
Unos tarros enormes de vidrio muy grueso contenían "colibrí" un pequeño chocolate relleno de menta, envuelto en papel celofán.
Estos "tarros" eran similares a los que se acostumbra ver alineados en las expositoras de panaderías, que mostraban las diversas formas, colores y gustos de los caramelos. Todos sin envolver, los que se servían con una cucharita de metal cóncava, en bolsitas de papel de colores .Por obra y milagro de una saquito que en su interior contenía "cal" no se pegoteaban pues no le permitía generar humedad dentro del recipiente que contaba con una enorme y hermética tapa.
Por el contrario los bombones, sí, venían todos envueltos en variados y brillantes colores de papel metalizado, y eran entregados en cajitas tipo urnitas, con tapas que para su cierre disponía de un cordoncito que luego de rodearla remataba en un hermoso moño.
En los días de primavera era común y "necesario" que durante una jornada completa el patio de la casa estuviera "tomada" por un señor que sentado en una maquinita de madera balanceara unas varillas de hierro curvas, una y otra vez. Estas iban y venían mientras el contenido de lo que había sido "mi colchón y mi almohada" hasta esa mañana, se trasformara en un montón de lana que largaba mucho polvo que te hacia estornudar. Ese señor era el "colchonero" que al final del día luego de haberlo deshecho todo ,te lo devolvía primoroso con cotin nuevo y con unos trapitos cosidos sobre su base que ponía con el mismo hilo gruesísimo y la inmensa aguja con que le remarcaba los cuatro lados como si fuera un cuadro.
En las siestas calurosas, el fresco se lograba por acción del balanceo de una pantalla de mimbre, un abanico o una "pantallitas" de cartón que se abrían cual mariposas y que te habían regalado en la Tintorería del barrio con motivo de las fiestas de fin de año.
Por esa época también una epidemia asolaba la ciudad era la "Polio", y hasta tanto apareció la vacuna todo era valido para evitar el contagio. Desde lavar pisos y paredes con acaroina y lavandina todos los días, hasta ponerte en el revés de la ropa prendido con un alfiler de gancho una piedrita de alcanfor envuelta en tela.
Era la época en que la heladera,( de madera) en su parte superior tenia una tapa que se levantaba y se guardaba trozada una inmensa barra de hielo , que traía un señor muy corpulento, apoyada en su hombro al que protegía con una bolsa de arpillera. Mas tarde llegarían la "SIAM" o la "SACCOL" inmensas con sus porta cubeteras de aluminio, estas poseían un mecanismo por medio de una palanca que al levantarla hacia destrabar todos los cubitos a la vez.
En ese tiempo todavía se cortaba la mayonesa si la mirabas fijo. Y no se podía comer sandia si habías tomado vino ,por que te "morías"Y el primer mate se "tiraba".Aun no se por que se hacia?, pero juro que se hacia!. Se escupía en la pileta y luego se continuaba cebando tranquilamente. Y una libreta de tapas de cuero negro era el único comprobante de la deuda contraída, ya fuese en la mercería, la verdulería o la farmacia. La polenta no era mágica, muy por el contrario llevaba su buen tiempo revolverla a fuego lento, con un simple objeto "un palo de naranja" que oficiaba de mesclador, mientras se evitaba la quemadura causada por las burbujas ocasionadas en su cocción. Los pañuelos y los repasadores eran de género. El lechero venia con el tarro a tu casa, el sereno paseaba en bici, los sifones tenían tres tamaños y a nadie se le hubiera ocurrido que los gatos o los perros no convivieran con sus pulgas.
Eran los tiempos en que en las casas no solo había "prensapure" sino también unas pequeñas morsas, que comprimían el bife de la carne y extraían todo el jugo, fundamental para el crecimiento de los niños junto con la "malta" Quilmes, envasada en botellas del color de las de cerveza pero bajitas y panzonas.
En fin eran costumbres de los cincuenta……..

Costumbres argentinas

Cuando era chica en los inviernos se acostumbraba a calefaccionar los ambientes con estufas, que poseían unos enormes tanques conteniendo querosén a los cuales se les "daba bomba" para que el aire convirtiera ese líquido elemento en gas. Al provocarse su encendido, las llamas se deslizaban por las "velas". En su cúspide estas estufas tenían una rejilla donde se apoyaba una lata con agua y algunas hojas olorosas. Interrogando a mis mayores cual era su función, se me decía: "para aromatizar el ambiente".
Mucho tiempo después me entere que en realidad era los típicos "humectadores" que los inmigrantes españoles importaron junto con otras costumbres. El paso del tiempo puso los mismos en desuso. Menos mal era humedad sobre humedad.
Ya que estamos hablando de desuso, aprovechemos y recordemos cuando el almacenero del barrio (en mi caso la esquina de Laprida y Piaggio) mostraba su destreza manual al encerrar aquellos cuartitos de galletitas (boca de dama, maicena, fideitos, vainillas o rellenas), que después de movilizar inmensas columnas de latas, depositaba sobre el papel que contenía su mano izquierda; con su palma armaba un pocito y luego de servirlas, se dirigía al mostrador y apoyado sobre el, unía ambas puntas del papel. En rápido vuelo y con ambas manos producía una torzada que dejaba el paquete en una simple "empanada muy bien repulgada".
Con el mismo resultado terminaban la yerba, el azúcar y todos los productos sueltos incluyendo los de exposición formada por variedades de fideos, que se lucían en cajones de madera con frentes de vidrio.
Luego esos papeles eran guardados muy celosamente en las casas, pues en el momento de cocinar harían las veces de filtro de aceite para las milanesas, bocadillos o buñuelos de manzana.
Unos tarros enormes de vidrio muy grueso contenían "colibrí" un pequeño chocolate relleno de menta, envuelto en papel celofán.
Estos "tarros" eran similares a los que se acostumbra ver alineados en las expositoras de panaderías, que mostraban las diversas formas, colores y gustos de los caramelos. Todos sin envolver, los que se servían con una cucharita de metal cóncava, en bolsitas de papel de colores .Por obra y milagro de una saquito que en su interior contenía "cal" no se pegoteaban pues no le permitía generar humedad dentro del recipiente que contaba con una enorme y hermética tapa.
Por el contrario los bombones, sí, venían todos envueltos en variados y brillantes colores de papel metalizado, y eran entregados en cajitas tipo urnitas, con tapas que para su cierre disponía de un cordoncito que luego de rodearla remataba en un hermoso moño.
En los días de primavera era común y "necesario" que durante una jornada completa el patio de la casa estuviera "tomada" por un señor que sentado en una maquinita de madera balanceara unas varillas de hierro curvas, una y otra vez. Estas iban y venían mientras el contenido de lo que había sido "mi colchón y mi almohada" hasta esa mañana, se trasformara en un montón de lana que largaba mucho polvo que te hacia estornudar. Ese señor era el "colchonero" que al final del día luego de haberlo deshecho todo ,te lo devolvía primoroso con cotin nuevo y con unos trapitos cosidos sobre su base que ponía con el mismo hilo gruesísimo y la inmensa aguja con que le remarcaba los cuatro lados como si fuera un cuadro.
En las siestas calurosas, el fresco se lograba por acción del balanceo de una pantalla de mimbre, un abanico o una "pantallitas" de cartón que se abrían cual mariposas y que te habían regalado en la Tintorería del barrio con motivo de las fiestas de fin de año.
Por esa época también una epidemia asolaba la ciudad era la "Polio", y hasta tanto apareció la vacuna todo era valido para evitar el contagio. Desde lavar pisos y paredes con acaroina y lavandina todos los días, hasta ponerte en el revés de la ropa prendido con un alfiler de gancho una piedrita de alcanfor envuelta en tela.
Era la época en que la heladera,( de madera) en su parte superior tenia una tapa que se levantaba y se guardaba trozada una inmensa barra de hielo , que traía un señor muy corpulento, apoyada en su hombro al que protegía con una bolsa de arpillera. Mas tarde llegarían la "SIAM" o la "SACCOL" inmensas con sus porta cubeteras de aluminio, estas poseían un mecanismo por medio de una palanca que al levantarla hacia destrabar todos los cubitos a la vez.
En ese tiempo todavía se cortaba la mayonesa si la mirabas fijo. Y no se podía comer sandia si habías tomado vino ,por que te "morías"Y el primer mate se "tiraba".Aun no se por que se hacia?, pero juro que se hacia!. Se escupía en la pileta y luego se continuaba cebando tranquilamente. Y una libreta de tapas de cuero negro era el único comprobante de la deuda contraída, ya fuese en la mercería, la verdulería o la farmacia. La polenta no era mágica, muy por el contrario llevaba su buen tiempo revolverla a fuego lento, con un simple objeto "un palo de naranja" que oficiaba de mesclador, mientras se evitaba la quemadura causada por las burbujas ocasionadas en su cocción. Los pañuelos y los repasadores eran de género. El lechero venia con el tarro a tu casa, el sereno paseaba en bici, los sifones tenían tres tamaños y a nadie se le hubiera ocurrido que los gatos o los perros no convivieran con sus pulgas.
Eran los tiempos en que en las casas no solo había "prensapure" sino también unas pequeñas morsas, que comprimían el bife de la carne y extraían todo el jugo, fundamental para el crecimiento de los niños junto con la "malta" Quilmes, envasada en botellas del color de las de cerveza pero bajitas y panzonas.
En fin eran costumbres de los cincuenta……..

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