TODO CAMBIA
Cuando llegaban LAS PASCUAS, este despliegue de ornamentos se veía circular por toda la ciudad.
Comenzaba el domingo de ramos. Personas ubicadas cerca de las iglesias ofrecían a cambio de una limosna, el clásico ramito de olivo símbolo de humildad, que una vez bendecido por el sacerdote, se distribuía entre familiares y amigos. La proximidad de la Semana Santa, también se veía en las vidrieras de las confiterías, o chocolaterías, que adornaban con bellos "huevos de Pascuas" de muchos tamaños, pero todos de color chocolate marrón con figuras realizadas en azúcar coloreada y envueltos en papel celofán transparente, con torzadas en sus extremos y regalitos en su interior.
El jueves santo, se recorrían las siete iglesias de a pie, las que estaban abiertas todo el día, y cuyas imágenes se encontraban tapadas con paños color violeta, en señal de duelo. El sacerdote realizaba el lavado de pies. Y las oficinas y negocios cesaban su rutina hasta el día lunes. Solo las pescaderías trabajaban los jueves por la mañana y sus filas podían abarcar toda una cuadra.
El día viernes todo era silencio, las radios emitían música sacra, no se bebía vino, ni se comía carne, se oraba, era un día de recogimiento total. De vigilia.
El sábado a las diez de la mañana, debía lavarse los ojos con agua fresca, las campanas de las iglesias anunciaban que el Señor Jesús había resucitado . Ya comenzaba a esa hora a retornar la normalidad en cualquier casa católica, y se realizaban los preparativos para el día siguiente Domingo de Pascua de Resurrección, donde la algarabía, los brindis, los almuerzos pantagruélicos, y las roscas con mucha crema pastelera y sorpresa en su interior abundaban por doquier. Los más chiquitos habían pintado huevitos de gallinas, previamente vaciados. Estos eran obsequiados a sus padres o abuelos. Y los mayores intercambiaban obsequios o simplemente huevos de chocolate.
Todo esto que cuento ocurría en el siglo pasado, pero de eso no hace tanto, sin embargo se perdió en el tiempo. Las mantillas no se ven, los rosarios y los misales van en las carteras. Los huevitos tienen variados colores y envoltorios y están vacíos en su interior. O se transformaron en gallinitas o conejitos. Las reuniones familiares prácticamente escasean. Apenas perdura un pequeño ramito de olivo que ahora se vende, alguna rosca por ahí, y algún FELICES PASCUAS vía Internet.
No es que me gustaría vivir a mitad del siglo XX, pero es notorio como el paso del tiempo va modificando ritos y costumbres. Todo cambia y es normal que todo cambie, pero a veces cuesta adaptarse a situaciones que nos habían dicho eran imprescindibles para el desarrollo del ser humano.

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